Sólo sé que no sé nada
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Muchos kilómetros llevo en mi historial como conductora por camino de la A-3 donde cada fin de semana durante un par de años fueron el pan diario de cada día, cuando mis idas y venidas de la ciudad más parecida al paraíso hasta la capital española unían mis intereses. El lunes, se repitió la experiencia como en otras ocasiones, pero cansada de pisar el pedal y con el fin de ahorrarme algún dinerillo evitando así a mis amigos radares, hice el viaje en tren.
Viajar en tren, me daba la oportunidad de aprovechar el tiempo, escribir mails, leer mi libro de turno, echar una cabezadita y pensar en ti mientras miraba por la ventana. Con todo ello, además de su fehaciente cumplimiento del horario hicieron de este medio de transporte el candidato elegido para llegar a los madriles, ese lugar entrañable, del que guardo un grato recuerdo.
Todo iba bien, hasta que por razones que desconozco, hicieron que la indiscutible duda de no cumplir el horario llegara a suceder. Con 30 minutos de retraso llegó el Alaris a Chamartin . Un cansancio descomunal después de un día duro de trabajo de reuniones, pero aún con ganas de coger el metro dirección al hotel. Por querer ahorrar unos eurillos a la empresa, con eso de la concienciación de la coyuntura económica por la que estamos atravesando me acordé de lo que hubieron significado 20 malditos euros por coger un ridículo taxi, pero ya era tarde. Vueltas y vueltas daba como si fuera la primera vez que pisaba esta enorme ciudad, a las 12 de la madrugada por las calles madrileñas, a causa de una Madrid levantada en obras y puertas de metro cerradas por el horario nocturno, hicieron que el hastío que llevaba se notara en mi cara.
El agravante vino a continuación cuando al llegar al hotel, con maleta, portátil y bolso en mano, me dicen que la reserva no se había efectuado, pero que ya fue cargada en la cuenta antes de verano y que además si quería una habitación la tarifa no sería la económica como cuando suelo hacerlo por la web. Esto era el colmo, todo como esta en España y aquí en NH Balboa parecían no tener problemas con su condición financiera (a pesar de la perdida de valor del 25% que dicen los periódicos), pues entendían que perder un cliente no era un inconveniente además de tener un sistema informático un poco “desestructurado”. Ahí fue cuando me acorde lo que fueron 5 años de carrera en marketing donde nos enseñaban que el cliente siempre tiene la razón y que no hay que permitir que monte el numerito para ojo de cualquiera o que el boca a boca puede ser devastador para una compañía. Así que ahí me teníais a las 12.30 de la madrugada con un cansancio tremendo y discutiendo con el hombre de recepción donde a la vez de incompetente parecía que era el rey del mambo al tirar por tierra cualquier argumento de una cliente potencial para la compañía. Así va la cadena hotelera NH donde su resultado bruto arroja una cifra negativa de mas de 300 millones de euros.
Tengo que reconocer que se manifestaron mis desilusiones por los dos días que iba a pasar en Madrid y que no se por qué tenia la necesidad humana de querer bombardear a palabras “bonitas y agradables” a alguien. Menos mal que una llamada telefónica antes de dormir endulzó mi malestar y pude dormir tranquila y en paz.
Al despertar al día siguiente, todo cambió, lo que puede hacer un buen curso en un buen lugar de formación de negocios, cuando con humildad y cierta vergüenza entraba por la puerta aquella mañana, siendo una servidora la menor de manera considerada tanto en edad como en tamaño. Años me distaban de los que ahí estaban, mientras el IESE para mi fue el descubrimiento de un mundo nuevo que cambió mi visión en solo un par de días, el IE no se ha quedado corto, sino que me ha abierto otro conocimiento en el mundo de los negocios, y es que “IEseando” me he dado cuenta que como decía Sócrates “sólo sé que no sé nada”, cuando yo creía que algo sabia, que una licenciatura da para por lo menos poder ganarte la vida en algún ámbito de alguna empresa a la que puedas engañar teocratizando sobre tus conocimientos marketinianos adquiridos, te das cuenta que no es la panacea y que la vida real es otra cosa.
Cátedra de calidad, profesionalidad espectacular y un nivel de alumnado, no sólo por las canas que pintaban sino por la influencia mediática de la cual me podía aprovechar, me dejaron boquiabierta con todo el nivel del que estaba rodeada. Aun así no creáis que esas cosas me impresionan como para perder el norte en mi vida, simplemente me motivan a ser mejor y a superarme, pero no me dejo ni dejaré llevar por ese afán de poder que tienen este tipo de directivos de grandes multinacionales.
Ahora bien, después de momentos como estos dos días sobre meditar en la forma de arreglar el mundo caótico en el que estamos viviendo, me he quedado con la misma duda, mayor si cabe, no sé donde me deparará el futuro para cursar ese ansiado MBA, si IE en Madrid, IESE en Barcelona o WHARTON Business School en New York, solo sé que hoy por hoy no sé nada, que tengo mucho que aprender, que quiero y tengo ganas de hacerlo y que en este estado no quiero continuar: ciega en mi mundo creyendo que sé y conozco algo que en el fondo no sirve para mucho y que queda muy lejos de la vida real en la que vivo. Quiero dejar de ser feliz en mi ignorancia, quiero ser consciente de lo que llevo entre manos para poder ayudar a este mundo a ser un poco mejor y en lo que este a mi alcance levantar este desastroso país, un país que aunque no seamos concientes poco a poco se hunde y nadie se da cuenta de ello.