Durante muchos años creí que el éxito era trabajar mucho, llegar lejos y no decepcionar a nadie.
Con el tiempo entendí que puedes estar construyendo una vida aparentemente perfecta y, al mismo tiempo, perderte dentro de ella.
Ya no quiero hacer algo grande solo por su tamaño. Quiero hacerlo grande por la huella que deje. Quiero conquistar corazones, no empresas.
Creo que ningún éxito merece costarte la salud, tus hijos o tu paz.
Yo ya no vivo para demostrar. Vivo para dejar huella.